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martes, 1 de noviembre de 2011

Artaud en la radio de Bucaramanga

Primer fragmento de 4 programas dedicaos a Antonin Artaud. Sonó en "Terminal azul", programa de la emisora UIS Estéreo 96.9 FM, Bucaramanga, Colombia, el 1 de noviembre de 2011.

http://www.4shared.com/audio/CD-KIEtB/PARCHE_No_1_ARTAUD.html

autorretrato de Artaud en 1947

Antonin Artaud. El Pesa-nervios, juicio a una sociedad enferma

El Pesa-Nervios, el juicio de Antonin Artaud a una sociedad enferma
Antonin Artaud en 1927

En tiempos de guerra, el poeta francés Antonin Artaud escribió El Pesa-Nervios, obra que le precisa como uno de los comandantes de la trasgresión espiritual de la humanidad. Su batalla también fue cuerpo a cuerpo contra las huestes del fascismo –tal y como lo fuera para otros poetas, René Char, por ejemplo que integró la Resistencia- .  Artaud luchó con su carne y sus nervios contra los excesos represivos de los dominadores de la conducta y de la conciencia, padeciendo el horror de ser juzgado como enfermo mental. Aunque no se encontró solo en esta empresa de mover el cerco y hacer retroceder la sombra de la costumbre y de las reglas, sí fue punta de lanza que hirió la realidad con un tajo de iluminación; mas sobre él luego recayó toda la inclemencia del conservadurismo que desea retornar a su lugar establecido.
En sus poemas y en su teatro, la sutilidad de lo incognoscible se hizo presente con la fuerza de un tornado. La mano de Artaud se alzó para rozar lo innombrable y esta acción causó resonancia más allá del tiempo. Con su poesía, Artaud inspiró a Deleuze y Guattari para producir el esquizoanálisis, propuesta que devuelve al ser su libertad de creación psíquica. Con su teatro de la crueldad, Artaud liberó los animales sagrados que yacían en el interior de los seres humanos-actores. La pregunta directa hecha por Antonin al ser en la inercia y la actividad de su propia putrefacción, resuena hoy más allá del tiempo, la pregunta por la muerte y su cuestión vigente y virulenta que se esparce en medio de las habitaciones flotando en el dolor como la tierra en el espacio. Esa pregunta hecha por Artaud sin plegamientos a la misma muerte, muriendo quizá cuando él mismo lo quiso. Esa pregunta cuya respuesta se paga cara.
El de Artaud fue un juego peligroso (Olga Orozco) a semejanza del brote de plantas en el desierto o de malezas en las construcciones civiles. Cuando leemos: El sueño venía de un desplazamiento de creencia, la atadura se relajaba, el absurdo andaba sobre mis pies[i], comprendemos que su inspiración estaba selllada con las emanaciones de los malos sueños. Eligió el tránsito más escabroso, el des más allá, el de lo prohibido. Sólo los santos tienen la clave para cruzar tales túneles, sólo a los santos les ha sido dado volar. Los demás traerán las mordazas, las camisas de fuerza, los castigos. Y, desde el fondo del calabozo el santo juzgaba a sus verdugos con la voracidad de quien ha cruzado con prudencia las esclusas de la percepción y no precisamente las ha vencido a ojo cerrado para no ser visto, sino que su mirada escrutadora y trasgresora ha sido odiosamente detectada y le sobrevendrá la aniquilación
Pero el cuarto de torturas es hermético; las puertas de hierro sólo se abren para dar paso a la muerte. Son necesarios hombres- horda para forzar las paredes, derribar los techos y provocar el estallido que termine con esta simulación de existencia en que devino la vida. Son necesarios los poetas blancos, en el sentido aludido por René Daumal, aquellos que no intentan la poesía, sino que la padecen; aquellos para quienes lo importante es pensar sin la más mínima ruptura, sin astucia en la mente[ii]; aquellos hombres como Artaud, que avanzan junto a los huevos del ciclón y perecen viendo nacer una nueva irradiación.
El dolor convierte en juez al torturado. No consume nada que no le pertenezca, nace de su propia asfixia[iii], dice, parte desde entrañas animales y es esa la condición de la creación y la ruptura. Pareciera que el sr. Kafka no tuviera nada qué objetar a su jefe de sección ni que el pequeño Chaplin fuera a batir su queja de hambre contra el rico en el Londres suyo de la infancia. Así, del dolor nacen las obras, cuya trascendencia no se reduce a hacer inmortales a sus creadores, sino que llega a alimentar directamente la médula de los pueblos y marca un límite a la inercia contaminante tradicional.
Y encuanto a la angustia, ésta puede aparecer como un efecto sublime del estado perverso de las cosas, pero es también y ante todo, motor y combustible. Su modo de operar se asemeja al de los jugos gástricos capaces de desdoblar los alimentos sin consumir las paredes del intestino. La angustia permite la acción a esa dosis de conciencia que resulta excesiva para vivir y escasa para morir. Está en el limbo entre la curación y la pérdida que, paradójicamente, alcanza un ascenso, produce un nacimiento arquetípico de caminos de percepción por la búsqueda ininterrumpida del lugar aterrante, la pérdida física y esencial (quiero decir la pérdida de la esencia) de un sentido[iv].
Con El Pesa-nervios se tiene una bitácora de viaje a lo más profundo del ser, viaje que se emprende como una campaña, una acometida en contra de lo construido y por lo construir: No tengo más que una ocupación: volverme a hacer[v]. Empresa que Artaud sigue a título muy personal, pero que constituye un modelo de lo que sucede a miles de hombres, a todos los rechazados como enfermos mentales, como locos o marginales por el conjunto de los hombres que no escapan en modo alguno a padecer la misma alienación y quizá, en mayor grado.
Los ignorados, los penados, los rechazados y apartados, encuentran en el pensamiento de Artaud el socorro y la furia que él se brindó a sí mismo durante la más oscura noche del ser que atravesó con los ojos abiertos. Los atormentados son la mayoría de la población., los despojados de la dignidad de decidir siquiera sobre su propio pensamiento. Todos los que se preguntan por la muerte y cuestionan su imperio porque en el fondo saben que siempre han estado vivos (Los asilos de alienados son receptáculos de magia negra conscientes y premeditados, y no se trata solamente de que los médicos favorezcan la magia por medio de terapéuticas intempestivas e híbridas sino que la ejercen. Si no hubiera habido médicos, jamás habría habido enfermos, ni esqueletos de muertos, ni enfermos para desollar y despellejar, porque es con los médicos y no con los enfermos que la sociedad comenzó…)[vi] saben reconocer que la muerte no es tan metafísica ni voluntariosa, sino que es inoculada en el diario vivir de millones de personas por los magos del poder. Quien toma conciencia de esta alienación y magia negra, sigue inevitablemente la senda de lucidez que siguieron poetas como Antonin Artaud.
El pensamiento poético de A.A. está minado por la angustia que se le presenta, más que la esperanza, como una tienda abierta en donde refugiarse. Sin embargo ésta es una morada perforada, herida, calcinada.  Y es cuando nuestro virtuoso poeta va más allá. Encuentra en la angustia un hábitat confortable porque le permite un mejor reconocimiento del enemigo, de todo aquello que produce la muerte: en encasillamiento, el emplazamiento, la estratificación de la realidad, la fijación de los términos, la inamovilidad de planes para el ser, el deber ser en toda su extensión.

La enferma es la sociedad. La resolución de las contradicciones sociales es apenas un paso en el camino de la liberación del hombre, pues la ruina del ser humano es ya interior y le carcome como un cáncer. El reclamo por la nueva nutrición rebasa la protesta, los estudios académicos, los buenos oficios o las demandas religiosas y se instaura en el centro de la existencia, exigiendo la extirpación de las condiciones de envilecimiento masivo. Por eso, Artaud fue un guerrero. Su arma fue la poesía que es la trasgresión obstinada e intransigente que sostiene la vida, que es movimiento de las grandes esferas y los átomos, que es el cambio inminente. Pero, el poeta nos enseña que hay que empeñar la sangre misma en la trasgresión, que no son sólo palabras las que nombrarán los cambios ni sólo acciones ciegas y vacuas las que lo produzcan.

Artaud, luego del electroshock


[i] ARTAUD, A. El ombligo de los limbos. En: El Pesa-nervios. Madrid: Visor, 1979. Pg. 54.
[ii] DAUMAL, René. Poesía negra y poesía blanca. En: Clavículas para un gran juego poético. Buenos aires: Compañía General Fabril Editora, a961. Pg. 90.
[iii] Op. Cit. ARTAUD. Pg. 36.
[iv] Ibidem. Pg. 56
[v] Ibidem. Pg. 64
[vi] Ibidem. Pg. 55