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lunes, 28 de octubre de 2013

Celebración de ella, ADONIS


"Reina de la noche". Representación de un diosa babilónica, posiblemente Ishtar. 

CELEBRACIÓN DE ELLA

Cuerpo: la más bella morada
que habitar pueda la imaginación.

Placer:
resurrección del cuerpo.

Arroyo donde nada el deseo,
su llanto.

Por las regiones de su cuerpo yerra mi  mirada.
El más vasto de los océanos
es el cuerpo de la mujer enamorada.

Cuando me mira, su rostro arde.
Yo soy ese fuego interno.

El corazón amado está entre sus labios.
El corazón de la amada, bajo su ombligo.

No, no puede ver en la rosa
sino un cuerpo de mujer.

¿Por qué no me abandona tu memoria?
Ni el mismo viento me escuchó
cuando dije: Te quiero.

Se levanta en su propio cuerpo,
pero duerme en el cuerpo de ella.

La línea recta
en el amor es círculo.

Para la mujer el hombre es un libro
que ella se aplica a leer con todo el cuerpo.

Perfume: el más hermoso vestido
que llevar pueda una mujer.

No entrarás en la noche del cuerpo
si no te entregas al sol de la locura.

El presente es para el cuerpo
el molde del tiempo.

Sé humilde, lenguaje:
sólo el cuerpo puede escribir el cuerpo.

Aroma de mujer
que sugiere en el aire
un lecho, una vulva,
un falo.

¡Sueña, sueña!
- dice la rosa marchita-

He visto a la mujer
que vio la golondrina
que creó la primavera:
Eras tú.

Del libro Celebración del claroscuro, 1988. 
Tomado de Árbol de Oriente, antología poética 1957-2007 en la traducción de Federico Arbós y la edición de la Colección Visor de Poesía. 

sábado, 12 de octubre de 2013

El nombre, ADONIS.

EL NOMBRE


Era el que se cubría de ceniza
    (Vibraba y subía su voz
    para celebrar con canciones
    la ceniza y sus misterios).
Nos mirábamos en sus heridas abiertas
y él asomaba su rostro al espejo de nuestros dolores.
Habitaba una brisa triste
y recitaban sus alabanzas las hojas de tabaco,
los naranjos, los árboles heridos,
los rebeldes, los renegados.
Le daban calor las estrellas
y el viento, para no ser menos, lo arropaba.
Lo abrazaban los huertos y aldeas,
su infancia feliz, las enamoradas
y sus amantes.
Era el que venía en la oscuridad de los caminos,
porque los caminos llegaban hasta él.
Era el que leía en el mar lo que escribían los prados.
Decían que su ritmo
era el latido de las playas,
que los bosques eran la mina
de sus leyendas.
Decían que su arado rasgaba el pecho de la tierra
para alimentar con su elixir al sol.
Era el que tendía emboscadas a la muerte
entre las rosas
    (Cuando no podía sentar la muerte
    en su regazo).
El que nunca dijo que estaba desesperado.
El que vivía siempre entre el calor y el frío
para podar olivos,
recolectar manzanas.
Era el que venía en la oscuridad de los caminos,
porque los caminos llegaban hasta él.

Era el Sur,
señor indómito como las olas,
silencioso como las rocas.
Jamás dijo su nombre
    (El Norte era su nombre: Baalbek, Beirut.
    Los cedros y los pobres del Líbano eran su nombre).

Sumiso y oculto
bajo su manto de humildad
para que no dijeran: es el Sur.

No podía seguir las enseñanzas del Corán
ni apoyarse en los consejos de la Tora,
con esta canción resonando en sus oídos:
"Naranjos cargados
de bombas y espías.
¿Cómo escapará,
por dónde huirá
este forastero?
No hay salida en las llanuras
ni refugio en las montañas".

Era el que se inclinaba con dulzura
ante los que morían para abrir nuevos caminos.

Era el que se ocultaba
bajo un manto de humildad,
para que no dijeran: es el Sur.

Era el Sur,
este Sur.

(16 de febrero de 1985)

Tomado de Libro del asedio (Beirut, 1985), en la antología de Adonis hecha por Editorial Visor Árbol del Oriente y la traducción de Federico Arbós.

Baalbek, antigua ciudad fenicia en Siria.