Reabrimos el Parche de lectura esta noche del 30 de agosto de 2011, invocando a Joseph Beuys, el artista animal (alemán, sic) de la postguerra que el arte contemporáneo extrañaría. Sin él no existiría la acción llevada a la categoría de arte. Quizá nos la hubiéramos inventado, pero ahí está su genialidad que convocamos a todos los espacios humanos de hoy para que la vida se vuelva arte y el arte vida.
Agradecemos la colaboración generosa de Clemente Padín, poeta uruguayo, quien nos ha remitido parte de los archivos que su brillante amistad con Joseph Beuys produjo.
La tertulia de esta noche estrena la modalidad de club de lectura "en pantalla" que tanto anhelábamos para nuestro parche de lectura y que nos permitirá compartir todos nuestros puntos de vista de un mismo acontecimiento simultáneo frente a nuestros ojos. "Leéremos" a Beuys, sus gestos, su ánimo, su postura, como una forma de cultivar nuestros sentidos y de inspirarnos profundamente en las raíces y las ramas del romanticismo alemán.
Un gusto compartir. Gracias a Rodrigo Verdugo, a Alfredo Ortiz y la casa Cultural El Solar por su acogida, a César Reglero y el boletín de poesía experimental Boek861 por sumarse a nuestra convocatoria, así como
a Claude Nguyen y a todos.
La nota de Boek861, en el siguiente enlace:
***FALLECIÓ JOSEPH BEUYS
“LA VIDA COMO ARTE”
Escribe Clemente Padin
A fines de enero los cables nos trajeron la infausta noticia del fallecimiento de uno de los más importantes creadores contemporáneos, Joseph Beuys, cuya influencia en el arte de nuestros días es desiciva.
Nacido en Kleve, pequeña ciudad alemana en 1921, pronto se vio reclutado y debió servir en la Fuerzas Aéreas del Tercer Reich Nazi. Abatido logra salvarse a duras penas cayendo prisionero de las fuerzas aliadas. Una vez finalizada la guerra, vuelve a su patria e inicia estudios de escultura con Ewadl Matare en 1949, en la Academia de Arte de Düsseldorf, en donde registrará como profesor a partir de 1960.
Junto a Woll Vostell es el responsable de la introducción del happening en Europa y en Alemania a comienzos de la década del 60, y también de la evolución de las llamadas “Artes de la acción”.
Las artes de la acción que surgen como reacción a la creciente mercantilización del arte, se desarrollan a partir de las “provocaciones” dadaístas y de la obra de algunos precursores tales como Marcel Duchamp y Antonin Artaud y comprende no solo el happening (suceso o acción artística en la cual se desarticulan los significados y los sentidos se desestructuran en aras de la confusión y el desorden, transgrediendo la relación habitual entre individuo y contexto y que busca la participación activa del espectador haciéndole gestor de nuevas representaciones no premeditadas): el evento o acontecimiento artístico, a la manera del Movimiento “Fluxus”. “Todo es arte y todos pueden hacerlo” en donde el énfasis se pone en la participación activa del espectador, siendo el artista algo asi como un “movilizador de sensibilidades”; la ambientación o apropiación plástica del espacio, valiéndose de todos los medios posibles, tratando de enmarcar al espectador en situaciones nuevas e irrepetibles, forzándole a merced al distanciamiento provocado por el nuevo ámbito a plantearse nuevas relaciones con la realidad y finalmente, la perfomance ( vocablo anglosajon que significa “ejecución”, “composición”, “obra”, etc) acción artística que puede incluir la utilización de los más diversos lenguajes aplicados a la representación de cierta idea, y que se desarrolla temporalmente apelando o no a la participación del espectador.
Joseph Beuys, plantea desde los inicios de su carrera el “concepto ampliado del arte”, significando que el arte puede asumir las responsabilidades de otras áreas, cual por ejemplo, la actividad política, que se impregnaria de valores estéticos. Todo su arte se aplicó a ejemplificar ese concepto a través de los happenings perfomances y sobre todo a través de una intensa actividad política, propiciando partidos alternativos que al margen de las estructuras ya dadas propiciarían un ideario humanista con marcado carácter “ecologista”.
UNA CONTINUA ACTITUD CONTESTATARIA
Es asi que gracias, a su sombrero de fieltro, a sus vaqueros y a su chaleco de pescador se impone a sí mismo como “escultura social”. Como obra de arte, predicando en donde sea, sobre todo en galerías, instituciones culturales, y medios masivos de comunicación, sus ideas acerca de la responsabilidad social del estado y acerca de la responsabilidad ético-estética de los individuos. Tal actividad le mereció no pocas desdichas, desde encarcelamientos hasta la pérdida de su cátedra en Düsseldorf, pero le valió ser considerado como el “Maestro mundial del arte” y una aureola contestataria que capitalizó las motivaciones e intereses de buena parte de la juventud alemana.
Su obra objetual se desarrolla en lo que se conoce como Arte povera (arte pobre) y minimalismo, tanto por la naturaleza de sus obras –sencillas, de fácil comprensión- como por la naturaleza de los materiales que emplea: grasa, fieltro, miel, utensillos de la vida cotidiana inservibles, etc. La obra más característica de este periodo es, sin duda, la “silla de grasa”, 1964, en la cual mediante la aplicación de un emplasto de grasa sobre el asiento de la silla la hace deslizable, destruyendo su funcionalidad y su índole de objeto. Ya esta tendencia a desinteresarse por los objetos, propia del minimalismo, le lleva al conceptualismo, no a la manera de las tendencias que se preocupan exclusivamente del lenguaje y de la correcta conceptualización de la obra o la que meramente compara representaciones de un mismo objeto bajo diferentes lenguajes, sino por su decidido afán de cuestionar y revisar los valores éticos hasta entonces considerados inmutables, a través de sus “predicas” e intervenciones en todos los foros posibles.
Los conceptos básicos de su doctrina pueden leerse en la entrevista que concedió al “Corriere della Sera”, 1973…El dia en que los artistas-y con este termino entiendo a todos los hombres creadores- se den cuenta de la fuerza revolucionaria del arte, entendida precisamente como creatividad, comprenderán que arte y ciencia tienen los mismos objetivos. Por eso afirmo: “La revolución somos nosotros… en todas mis acciones trato de que el hombre tome conciencia de sus posibilidades creativas, las únicas que pueden darle la libertad. La única cosa que deseo es el coloquio con la gente: el arte me interesa sólo en la medida en que me da la posibilidad de comunicarme, de estimular…creo que el sistema no tiene ningún instrumento adecuado de lucha contra el deseo de libertad del hombre. Cuando el hombre decide estar en condiciones de autodeterminarse, el capitalismo se ha acabado…”
Sin entrar a considerar el sentido ideológico de estas declaraciones, a las cuales nos tienen acostumbrados el liberalismo y el humanismo abstracto que tanto propugnan los que como él quieren un “capitalismo sin capital” o un “socialismo libertario”, hay que destacar que tanto su obra como su actitud por mejorar la vida de los hombres guarda una perfecta correlación, coherente con la máxima que guió su vida: "el arte es vida y la vida es arte”.
En el ámbito de esta breve nota sólo ha sido posible tocar apenas algunos de los aspectos más importantes de su vida y de su obra. Cabría en el futuro profundizar en los aspectos más contrevertibles de la obra de este hombre que trastocó irreversiblemente los supuestos inamovibles del arte contemporáneo. Sirva, sin embargo como un homenaje póstumo, a quien tuvo el valor de subvertir positivamente nuestros habituales modos de existencia, poniéndolos en cuestión, para reenmarcarlos en las nuevas situaciones y nuevas relaciones humanas que ya van generando los avances de la humanidad.
Fuente; Diario “La hora”, Uruguay.
Pag; 12, 15 de febrero. 1986


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