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domingo, 7 de noviembre de 2010

En secreto de flor VICENTE HUIDOBRO

Amapola amapola
Voy a tener treinta años
Tantas vueltas del azul y mis sonidos prisioneros
Como el incendio que va a consumir las selvas
O la mujer fatal entre sus nervios
Cantando sobre el mundo o adentro de mis enigmas
O en los puertos que se alejan
Llevados por el viento

Amapola amapola
La dureza del mundo gotea en los abismos
Como la entrega del sepulcro
El silencio galopa en su zona de naufragios
Siguiendo la aventura enfermiza del corazón
Del prisionero en su lazo de lejanías
Con miedo a la soledad y al rumor de los mundos
Cuando tiemblan los huesos de los astros

Amapola amapola
Aúllan los caminos se agitan las fronteras
El cielo se abre para dejar caerl la nieve que viene de sus años
El cielo se abre y por sus vidrios delirantes
Resbala el llanto de los mundos enfermos
Amapola amapola
Qué locura nos ha hecho nacer
De dónde viene esta sustancia de amargura
Y esta atmósfera dolorida y sangrienta que siembra flores después de la tarde
Y nos une a raíces de malhadados sortilegios

Amapola amapola
Libértanos de la demencia humana
Abre las puertas derrumba las murallas
Rompe los límites del alma
Despierta todo lo que duerme en mis rincones
Todo lo que me está quemando con su anhelo
Lo que habla tembloroso en mi memoria
Lo que da la medida del tormento

Amapola amapola
Cuando mi vida no sentía sus distancias
Cuando la fiebre cantaba sus mares
Y abría los horizontes de sus cataclismos
Yo no conocía el peso de mi muerte
El árbol propio tenía sus playas
Y un catafalco de planetas para la actitud cotidiana
Asustado de pensar cubría la luz con mis palomas
Temblaba de soledad y miraba los ojos del espanto
El delirio de las selvas me alcanzaba
Y no podía huir
La voluntad se me dormía sobre una estrella

Amapola amapola
Siento venir el torbellino siento el atardecer hermano
La sed de mundos que se eleva
Y un inmenso futuro de hombres realizados
La violencia del sueño ardiendo en mis adentros
Exige tal destino que no sé qué podría pasar
Una mujer no es suficiente augurio
Siento que se prepara el otoño
Y que algo llora en donde empieza el alma

Del libro: El Ciudadano del olvido (1941)








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