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| Partisanos franceses |
Respuestas interrogantes a una pregunta de Martin Heidegger
Versión del poeta español Jorge Riechmann en Indagación de la base y de la cima. Editorial Árdora: Madrid, 1999
La poesía ya no marcará el ritmo de la acción. Irá por delante
Rimbaud
Podríamos proponer diversos sentidos parciales, sin tener en cuenta el sentido que se crea en el movimiento mismo de toda poesía objetiva, siempre en camino hacia el punto que sella su justificación y cierra su existencia, en la lejanía, por delante de la existencia de la palabra Dios:
* La poesía arrastrará a la acción sin perderla de vista, situándose por delante de ella. Este “delante” supone sin embargo un ajuste de perspectiva de la poesía con respecto a la acción, de manera análoga a como un vehículo piloto aspira, por su velocidad, a un segundo vehículo que lo sigue a corta distancia. Le abre camino, contiene su dispersión, lo nutre con su impulso.
* La poesía, supra-cerebro de la acción; tal el pensamiento que dirige el cuerpo del universo, o como la imaginación visionaria proporciona la imagen de los que será al espíritu forjador que la solicita. De ahí el “por delante”.
* La poesía será un “cántico de partida”. Poesía y acción: vasos obstinadamente comunicantes. La poesía, punta de flecha que presupone el arco acción, el objeto-sujeto estrechamente dependiente; la flecha será proyectada a lo lejos sin volver a caer, pues el arco que la sigue la recobra antes de que caiga, ambos iguales y no obstante desiguales, en un doble y único movimiento de reunión.
* La acción acompañará a la poesía por una admirable fatalidad: la refracción de la segunda en el espejo ardiente y turbio de la primera produce una contradicción, y comunica el signo más (+) a la materia abrupta de la acción.
* La poesía, en virtud de la palabra misma, siempre es puesta por el pensamiento delante del actuar, cuyo contenido imperfecto transporta ella en una carrera perpetua vida-muerte-vida.
* La acción es ciega, es la poesía quien ve. Una está unida a la otra por un vínculo madre-hija, la hija por delante de la madre, guiándola por necesidad más que por amor.
* La libre determinación de la poesía parece conferirle su calidad como guía. Sería un ser acción, por delante de la acción.
* La poesía es la ley, la acción se queda en fenómeno. El relámpago precede al trueno, iluminando de arriba abajo su teatro, dándole valor intrínseco.
* La poesía es el movimiento puro que ordena el movimiento general. Adelantándose, muestra la comarca.
* La poesía no marca ya el ritmo de la acción, se echa adelante para indicarle el camino móvil. Por eso la poesía es la primera en alcanzar. Piensa en la acción y, gracias a su material, construye la Morada, pero nunca de una vez por todas.
* La poesía es el yo por delante del en-sí, “pues que el poeta está encargado de la Humanidad” (Rimbaud).
* La poesía sería “pensamiento cantado”. Sería la obra por delante de la acción, sería su final consecuencia liberada.
* La poesía es una cabeza inquisitiva. La acción, su cuerpo. Al cumplir una revolución hacen coincidir, a su término, fin y comienzo. Así prosiguen, con arreglo a círculo.
*Desde la óptica de Rimbaud y de la Comuna, la poesía ya no será sierva de la burguesía, no marcará su ritmo. Irá por delante de ella, suponiendo aquí a la burguesía acción conquista. La poesía será entonces dueña de sí misma, siendo dueña de su revolución; una vez dada la señal de partida, la acción por-mor-de se transforma sin cesar en acción vidente.
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El joven Rimbaud era un poeta revolucionario contemporáneo de la Comuna de París.
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Rimbaud no se sentía artista ni quería serlo. Maravillosa ingenuidad a la que su naturaleza violenta se aferraba, donde se mantenía. Al callarse, se convirtió en artista a su pesar.
La poesía no marcará ya el ritmo de la acción; será su fruto y anunciación nunca saboreados, por delante de su propio paraíso.
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A la luz de las acciones políticas recientes –que la poesía prever- y de lo que de ellas se sigue para la deriva del pensamiento, toda acción que se justifique debe ser una contra-acción cuyo contenido revolucionario aguarda su propia liberación, una acción propugnable de rebelión y resistencia, que inspiraría una poesía por delante de ella –y a menudo en disputa con ella.
Tras la extinción de los fuegos y el rechazo de las herramientas ineficaces, si el vocablo “fin” apareciese sobre la puerta auroral de un destino reencontrado, la palabra mantenida no sonaría ya a crimen y las barcas repintadas no serían pecios sumergidos en el desembarcadero del Tiempo.





