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domingo, 25 de septiembre de 2011

René Char. Aforismos del poemario "Los que permanecen" 1938-1944

René Char, poeta mítico que reúne en sí las cualidades del visionario y del guerrero. Conductor de la esperanza de la humanidad que es la poesía. Fiel al sueño del hombre, René Char es nuestro invocado de este mes en el Parche de lectura.

Compartimos algunos aforismos del poeta publicados bajo el título de Partición formal en el poemario Los que permanecen, poemas de 1938 a 1944 que más tarde conformaron, junto a otros libros el volúmen Furor y misterio. La versión es del poeta español Jorge Riechmann a quien agradecemos el hacernos depositarios de la "Poesía esencial" de un poeta esencial...


***

I
Consiste la imaginación en expulsar de la realidad a varias personas incompletas para obtener, echando mano de los poderes mágicos y subversivos del deseo, su retorno en forma de presencia enteramente satisfactoria. Entonces se la lo inextinguible real increado.

V
Mago de la inseguridad, el poeta no tiene otras satisfacciones que las adoptivas. Ceniza siempre inacabada.

VII
El poeta debe mantener en equilibrio la balanza entre el mundo físico de la vigilia y la facilidad temible del sueño, las líneas de conocimiento donde inscribe el cuerpo sutil del poema, yendo indistintamente desde uno de esos estados diferenciados de la vida al otro.


XXIII
Soy el poeta, portador de pozo seco al que tus lejanías, amor mío, abastecen.

XXX
El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo.

XXXI
Hay quienes piden para ella la prórroga de la armadura: padecen herida con el spleen de una eternidad de tenazas. Pero la poesía que camina con sus pies de caña, con sus pies de guijarro, no se deja seducir en parte alguna. Mujer en cuya boca besamos el tiempo loco, allí donde al lado del grillo cenital ella canta la noche de invierno en la pobre panadería, bajo la miga de un pan de luz.

XLV
El poeta es génesis de un ser que proyecta y de un ser que retiene. Del amante toma prestado el vacío; de la amada, la luz. Esta pareja formal, este doble centinela le confieren patéticamente su voz.

XLVII
Reconocer dos especies de los posible: lo posible diurno y lo posible prohibido. Hacer, si resulta factible, que lo primero sea igual a lo segundo; ponerlos en el camino real de lo imposible fascinante, que es el más alto grado de lo comprensible.


XLIV
El poeta, con la ayuda de secretos imposibles de calibrar, da tormento a la forma y la voz de sus manantiales.

XLVII
El poeta recomienda: “Inclinaos, inclinaos más aún”. No siempre sale indemne de su página, pero, igual que el indigente, sabe sacar partido de la eternidad de una aceituna.

XLIX
A cada derrumbamiento de las pruebas el poeta responde con una salva de futuro.

L
Toda respiración propone un reino: la tarea de perseguir, la decisión de mantener, el entusiasmo de liberar. El poeta comparte en la inocencia y en la pobreza la condición de unos, condena y rechaza la arbitrariedad de los otros.
Toda respiración propone un reino: hasta que se cumpla el destino de esta cabeza monotipo que llora, se obstina y se suelta para romperse en el infinito, exenta cabeza de lo imaginario.

LI
Ciertas épocas de la condición del hombre sufren el asalto helado de una enfermedad que se apoya en los puntos más infamados de la naturaleza humana. En el centro de este huracán el poeta completará mediante el rechazo de sí mismo el sentido de su mensaje, y después se unirá al grupo de los que, habiendo arrancado al sufrimiento su máscara de legitimidad, aseguran el eterno retorno del testarudo mozo de cuerda , barquero de justicia.

LII
Esta fortaleza que derrama libertad por cada una de sus poternas, esta horca de vapor que mantiene en vilo un cuerpo de envergadura prometeica al que el relámpago ilumina y evita, es el poema, de caprichos exorbitantes, que durante un instante nos gana y luego desaparece.

LIII
Tras la devolución de sus tesoros (arremolinados entre dos puentes) y el abandono de sus sudores, el poeta, con la mitad del cuerpo, la cima del aliento en lo desconocido, el poeta ha dejado de ser reflejo de un hecho consumado. Ya nada lo mide, nada lo ata. La ciudad serena, la ciudad imperforada está ante él.

LIV
En pie, creciente en la duración, el poema, misterio que entroniza. En un lugar apartado, siguiendo la avenida de la viña común, el poeta, gran Iniciador, el poeta intransitivo, uno cualquiera en sus esplendores intravenosos, el poeta que extrae la desdicha de su propio abismo, con la Mujer a su lado informándose acerca de la uva infrecuente.

LV
Sin duda corresponde a este hombre, enteramente en lucha contra el Mal cuyo rostro voraz y medular conoce, transformar el hecho fabuloso en hecho histórico. Nuestra inquieta convicción no debe denigrarle sino interrogarle; nosotros, fervientes asesinos de seres reales en la persona sucesiva de nuestra quimera. Magua mediata, impostura, aún es de noche, me siento mal, pero todo funciona de nuevo.
La evasión hacia nuestros semejantes, con intensas perspectivas de poesía, quizá sea posible un día.

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