¡HICISTE BIEN EN MARCHARTE, ARTHUR RIMBAUD!
¡Hiciste bien en marcharte, Arthur Rimbaud! Tus dieciocho años refractarios a la amistad, a la malevolencia, a la tontería de los poetas de parís igual que al ronroneo de abeja estéril de tu familia de Ardenas, un poco loca: hiciste bien en esparcirlos para los vientos de alta mar, arrojándolos bajo la cuchilla de su guillotina precoz. Tuviste razón al abandonar el bulevar de los perezosos, los cafetines de los mealiras, cambiándolos por el infierno de las bestias, el trato con los despabilados y el saludo de los simples.
¡Hiciste bien en marcharte, Arthur Rimbaud! Tus dieciocho años refractarios a la amistad, a la malevolencia, a la tontería de los poetas de parís igual que al ronroneo de abeja estéril de tu familia de Ardenas, un poco loca: hiciste bien en esparcirlos para los vientos de alta mar, arrojándolos bajo la cuchilla de su guillotina precoz. Tuviste razón al abandonar el bulevar de los perezosos, los cafetines de los mealiras, cambiándolos por el infierno de las bestias, el trato con los despabilados y el saludo de los simples.
Este impulso absurdo del cuerpo y del alma, bala de cañón que alcanza su blanco y lo hace estallar, ¡esto sí que es la vida de un hombre! Uno no puede, al salir de su infancia, dedicarse a estrangular indefinidamente a su prójimo. Aunque los volcanes cambien poco de lugar, su lava recorre el gran vacío del mundo y le aporta virtudes que cantan en sus heridas.
¡Hiciste bien en marcharte Arthur Rimbaud! Somos unos cuantos quienes, sin pruebas, creemos que la felicidad es posible contigo.
CRISTAL DE LA VENTANA
Lluvia pura, mujeres esperadas,
El rostro que enjugáis
-De vidrio al tomento abocado-
Es el rostro del insurrecto;
El otro, cristal de felicidad,
Tiembla ante el fuego de leña.
Misterios gemelos, os amo
Y rozo a cada uno de ambos;
Me siento sufriente y ligero.
Lluvia pura, mujeres esperadas,
El rostro que enjugáis
-De vidrio al tomento abocado-
Es el rostro del insurrecto;
El otro, cristal de felicidad,
Tiembla ante el fuego de leña.
Misterios gemelos, os amo
Y rozo a cada uno de ambos;
Me siento sufriente y ligero.
***
ACATAMIENTO
Calles de la ciudad: por ellas va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo escindido. Ya no es mi amor, cada cual puede hablarle. No se acuerda ya; ¿quién en verdad lo amó?
A su igual va buscando en miradas de ofrenda. Recorre el espacio de mi fidelidad. Dibuja la esperanza y leve la rechaza. Preponderante es sin participación.
Yo vivo en su fondo como un pecio feliz. Sin que lo sepa, mi soledad es su tesoro. En el gran meridiano donde inscribe su vuelo, mi libertad lo surca.
Calles de la ciudad: por ellas va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo escindido. Ya no es mi amor, cada cual puede hablarle. No se acuerda ya; ¿quién en verdad lo amó y lo alumbra de lejos para evitar que caiga?
A su igual va buscando en miradas de ofrenda. Recorre el espacio de mi fidelidad. Dibuja la esperanza y leve la rechaza. Preponderante es sin participación.
Yo vivo en su fondo como un pecio feliz. Sin que lo sepa, mi soledad es su tesoro. En el gran meridiano donde inscribe su vuelo, mi libertad lo surca.
Calles de la ciudad: por ellas va mi amor. Poco importa hacia dónde en el tiempo escindido. Ya no es mi amor, cada cual puede hablarle. No se acuerda ya; ¿quién en verdad lo amó y lo alumbra de lejos para evitar que caiga?
***
LA LIBERTAD
Vino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba
o la palmatoria del crepúsculo.
Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas.
Fin de la renunciación de rostro cobarde, la santidad de la mentira,
el alcohol del verdugo.
Su verbo no fue un ciego ariete sino la tela donde se inscribió mi aliento.
Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la
herida, vino por esta línea blanca.
Vino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba
o la palmatoria del crepúsculo.
Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas.
Fin de la renunciación de rostro cobarde, la santidad de la mentira,
el alcohol del verdugo.
Su verbo no fue un ciego ariete sino la tela donde se inscribió mi aliento.
Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la
herida, vino por esta línea blanca.
***
ARGUMENTO (de El poema pulverizado)
¿Cómo vivir sin algo desconocido ante nosotros?
Los hombres de hoy quieren un poema a imagen de su vida, hecha con tan pocas atenciones, con tan escaso espacio, y abrasada por la intolerancia.
Porque ya no les está permitido actuar de modo supremo, en esa fatal preocupación por destruirse por medio de sus semejantes, porque su inerte riqueza los frena y los encadena, los hombres de hoy, debilitado el instinto, pierden, aunque se conserven vivos, hasta el polvo de sus nombres.
Nacido de la llamada del devenir y de la angustia de la retención, el poema, elevándose desde su pozo de barro y estrellas, dará testimonio casi en silencio de que no había nada en él que no existiera verdaderamente en otra parte, en ese rebelde y solitario mundo de las contradicciones.

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